El papel de la ecografía en la salud del hígado.

La ecografía y la salud del hígado

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El hígado es uno de los órganos más importantes en el cuerpo humano. Con unos 26 centímetros de ancho, 15 centímetros de alto y un peso medio de unos 1600 gramos, esta estructura se encarga de metabolizar y almacenar glucosa, digerir grasas, eliminar toxinas, producir colesterol, almacenar vitaminas y muchísimo más. Debido a sus múltiples funciones, no es de extrañar que el corazón bombee hacia él unos 1500 mililitros de sangre por minuto.

Sin hígado, la vida humana tal y como la conocemos se hace imposible. Por ello, detectar cualquier problema hepático es esencial antes de que se agrave y ponga en peligro la supervivencia del paciente. En las siguientes líneas, se recogen los múltiples vínculos entre la ecografía y la salud del hígado.

El hígado y la enfermedad

Las enfermedades hepáticas, también conocidas como hepatopatías, son patologías o lesiones que afectan al hígado de forma primaria. Según su tiempo de duración, una hepatopatía puede ser aguda (de transcurso más o menos rápido, con una duración menor a 6 meses) o crónica (de larga evolución, con un tiempo de duración mayor a 6 meses). Independientemente de la variante, las enfermedades del hígado son responsables del 4 % de las defunciones globales, y 2/3 de ellas ocurren en el sexo biológico masculino.

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Las hepatopatías pueden interferir con el correcto funcionamiento del hígado e impedir que el cuerpo elimine las toxinas de forma adecuada, dificultar el almacenamiento de energía e impedir una correcta digestión alimentaria, entre otras muchas cosas. Además, cabe destacar que ciertas enfermedades provocan daños irreversibles en el tejido hepático, lo que conlleva una cicatrización y pérdida de funcionalidad que se engloba en un cuadro conocido como cirrosis hepática.

Entre las enfermedades más reseñables en el entorno hepático, se destacan las siguientes:

  • Hepatitis virales: infecciones que dañan al hígado generalmente provocadas por los virus de la hepatitis A, B o C. La hepatitis C es una de las que más severas se consideran dentro de este grupo infeccioso, pues se torna crónica en el 75-85% de los casos. Por otro lado, la hepatitis A no causa hepatopatía crónica y rara vez es mortal.
  • Hepatopatía alcohólica (enfermedad del hígado graso alcohólico): consiste en un acúmulo de grasa en el hígado a consecuencia de las alteraciones metabólicas que produce el consumo excesivo de alcohol.
  • Hígado graso no alcohólico: acumulación de grasa en el hígado que no es causada por el alcohol, sino por otros factores como obesidad, diabetes tipo 2, colesterol alto y más.
  • Cirrosis hepática: consiste en la cicatrización del tejido del hígado que ha muerto por diversas causas, incluyendo algunas de las ya citadas (alcoholismo, infección y más). Este cuadro puede causar una insuficiencia hepática crónica y no es reversible.
  • Cáncer de hígado: este tipo de cáncer primario se asocia, sobre todo, a las hepatitis virales y la cirrosis hepática. Suele presentar una tasa de supervivencia muy pobre, ya que se trata de un tumor maligno muy agresivo que compromete múltiples funciones vitales.

Estos son solo algunos ejemplos de hepatopatías, pero existen muchos más. No hay que olvidar potenciales enfermedades autoinmunitarias (colangitis esclerosante primaria, hepatitis autoinmune), abscesos hepáticos, infecciones parasitarias (fasciolasis) y otros trastornos capaces de dañar el hígado de forma irreversible.

La importancia de la ecografía en la salud hepática

La ecografía es una técnica de diagnóstico por imagen que emplea ultrasonidos para generar imágenes bidimensionales o tridimensionales a tiempo real del interior del cuerpo, especialmente tejidos blandos. Para llevarla a cabo, se coloca un instrumento conocido como transductor sobre la piel de la zona a estudiar, y este se encarga de emitir ondas sonoras. Estas ondas rebotan sobre los distintos tejidos y el transductor recoge el eco de retorno. Con esta información, un equipo de computación puede generar los resultados.

Tal y como indican fuentes médicas, la ecografía hepática es actualmente la primera técnica diagnóstica para la detección y caracterización de la mayoría de las lesiones en el hígado, sobre todo en el caso de detección de lesiones focales o monitoreo de hepatopatías crónicas. Esto se debe, sobre todo, a las siguientes razones:

  1. Permite la identificación y la caracterización de una amplia gama de lesiones hepáticas, incluyendo quistes, hemangiomas, adenomas, y tumores malignos.
  2. Ciertas variantes de la ecografía tradicional (como la elastografía) pueden diferenciar entre tejidos normales, inflamados, fibrosos y malignos.
  3. Proporciona imágenes en tiempo real, permitiendo al médico observar el movimiento del hígado y de las lesiones, así como el flujo sanguíneo a través del hígado (esto último solo se puede hacer mediante eco-Doppler).
  4. Es útil para guiar a los profesionales médicos en procedimientos intervencionistas como biopsias hepáticas, drenajes de abscesos y otros tratamientos.
  5. Está ampliamente disponible en hospitales y clínicas, incluso en regiones con recursos limitados. Además, tiene un precio reducido en comparación con otras pruebas imagenológicas, como la resonancia magnética (RM) o el TAC.
  6. No emite radiación ionizante. A diferencia de la radiografía o el TAC, esta técnica no hace uso de rayos X, por lo que se considera completamente segura y no tiene ninguna contraindicación conocida. Esto hace que se pueda repetir cuantas veces sea necesario en todo tipo de paciente.
  7. Es una técnica no invasiva, lo que significa que no requiere incisiones ni penetración del cuerpo, y es bien tolerada por la mayoría de los pacientes.

Por todas estas razones, la ecografía es una de las técnicas más empleadas para evaluar la salud del hígado. Aunque esta prueba tenga que acompañarse de otros estudios para realizar el diagnóstico completo en ciertos casos, es una excelente primera toma de contacto ante la sospecha de hepatopatía, y no conlleva ningún riesgo asociado.

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